miércoles, 27 de enero de 2016

MUERTE. Poema para un obituario

Hoy ha sido un día de despedida. Se nos iba para siempre Luis, un hombre que ha sido un puntal, un referente para el PSOE de León. El ingente número de personas que acudieron a despedirle hicieron que no pudiese entrar en la iglesia, una pequeña y robusta iglesia de piedra, muy típica de la montaña
Sustituí el interior del templo por un lugar en el campanario, rodeada por la niebla que se prendía a las montañas que nos rodeaban en aquel paraje de Vegacervera. Y en aquella fría paz, me asaltaron estos versos.

MUERTE


Entre el enfurecido arrullo
del agua que hierve entre las rocas,
suena a muerte.
Suena a muerte el murmullo de la gente
agolpada a las puertas de la iglesia,
el graznido lejano de algún cuervo
rompiendo la densa calma de la niebla,
y el casual trino de un ave solitaria.

Subo al campanario,
donde duermen los badajos un sueño
de bronce abandonado,
y siento como cae la tarde
tras nubes que arrastran
un sabor a invierno.

Tras los rumores de la fría tarde
hay un silencio que suena a muerte.
Tras la niebla que se aferra helada a las montañas,
el velo gris con que se pinta la muerte.
Y ese olor tibio y denso del incienso
subiendo al campanario
para anunciar como huele el aroma de la muerte.

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