domingo, 28 de diciembre de 2014

"HABELAS, HAYLAS", UN RELATO CON ALIENTO DE NIEVE COMO APORTACIÓN A ESTE FILANDÓN DE INVIERNO TRECHURANO

Y como invitación expresa a quienes me llevan meses insistiendo en que me prodigo poco en la escritura creativa y en los momentos para compartirla, anunciarles que rompo mi silencio. Y lo haré en un lugar en el que hasta ahora no he participado a pesar de mi asiduidad en asistir a sus propuestas. Será en Castrillo de los Polvazares, el próximo día 3, en una cita en la que sin duda estaremos entre amigos. Un relato con personajes maragatos y ambientado en el propio pueblo.
Mi participación en el Filandón de invierno será con un relato "Habelas, haylas". ¿Alguien sospecha ya cuál puede ser el tema de fondo? Pero no voy a contar nada más aunque habrá quien me lo haya escuchado ya. Eso sí, en esta ocasión habrá novedades porque un amigo, Manuel Bonilla, me ha prometido "efectos especiales".


Si os animáis, allí os esperamos. Participarán un montón de amigos y...

CARTA DE DULCINEA A DON QUIJOTE. Una incursión en el género epistolar que obtuvo sus resultados.

2009
Continuando con mis recuperaciones, dejo ahora un escrito en forma epistolar con el que participé en el 2009 en un Certamen en Álcazar de San Juan. Quedé finalista en el concurso, aunque luego supe por un miembro del jurado que la discusión estuvo muy reñida. No importan los resultados. Solo sé que fue otro reto superado pues nunca había escrito siguiendo tal fórmula. Enfrentarme así mismo con dos de los personajes más clásicos y emblemáticos de nuestra literatura era un reto más, pero eso sí -ya me conocéis - tenía que darle un halo de actualidad y aquí están los resultados. Recoger el premio y la publicación fue la disculpa para darme un paseo por los molinos contra los que luchó Don Quijote. Aunque ya sabéis, hay teorías que dicen que - en realidad - el viaje del ingenioso hidalgo transcurrió más bien por tierras leonesas y sanabresas.



 
CARTA DE DULCINEA A DON QUIJOTE.

            Mi buen señor Don Quijote:
            No sé muy bien como comenzar esta carta que dirijo a usted sin ánimo de hacerle daño ni ofenderle, pero mi condición de mujer segura de mí misma e independiente me obliga a no alimentarle falsas esperanzas sobre la relación que usted cree que nos une.
            Sé que con los tiempos que corren, cualquier otra mujer en mi lugar estaría orgullosa de sentir sobre ella la mirada de un caballero tan delicado y fervoroso como usted. Pero yo no soy de esa condición. Aunque vaya contracorriente de los tiempos, necesito aire para mí, necesito sentir la misma libertad de que gozan los hombres, ir y venir sin tener que dar explicaciones a nadie y, por supuesto, no sentir sobre mí la enorme losa de la profunda adoración masculina que podría acabar por convertirme en esclava de esa falsa imagen creada por unos sentimientos alimentados por la fantasía, que no por la realidad.
            Yo no deseo ser la prenda de su amor, igual que no deseo recibir sus atenciones y desvelos. No porque no lo merezca, sino porque usted no merece que yo aliente una relación que nunca podrá llegar a buen puerto. Son muchos los años que nos separan, pero además están nuestras ideas y mis esperanzas. Yo no he nacido para convertirme en la dama “de” nadie, para esperar que alguien se fije en mí y me elija como señora de sus sueños y sus anhelos. Quiero ser una mujer libre, independiente, con la libertad de ir y venir sin ser criticada, de hacer todo aquello que deseo aunque ello se considere coto privado de los hombres, tener la posibilidad de enamorarme de quien yo quiera, de luchar por su amor en igualdad de condiciones y de tener la posibilidad de dejarlo – si así me lo dicta el corazón – sin que se me critique por ello de hueca y casquivana. Sé que son vanas consideraciones en un tiempo que sigue creyendo que las mujeres estamos hechas para vivir bajo la estela de los hombres. Pero también sé que si no lucho por mis aspiraciones seré por siempre una mujer infeliz que cubrirá de gris tristeza todo aquello que se cruce en mi camino.
            No sé cómo ha llegado usted a fijarse en mi persona. Pero puedo asegurarle que no soy ni de lejos tal como me imagina en sus sueños. No sé si mejor o peor, pero sí distinta. Si hiciese caso a las personas que me rodean esta situación no habría de importarme, y podría dejarme llevar y aceptar ser el objeto de sus adoraciones. Pero eso no sería justo ni para usted ni para mí. Para usted porque estaría alimentando una mentira que no merece, estaría alentando unos sentimientos basados en una errónea percepción de la realidad que le harían seguir creyendo en mí como en la dama por la que ha de seguir enfrentándose a cuántos peligros se pongan en su camino o en el mío. ¿Y qué pasaría si algún día descubriese que yo no soy esa mujer que ha ido creando en su mente? ¿Tendría que cargar yo con el remordimiento de alimentar un sueño que tal vez le haya llevado a poner su vida en un peligro inminente? No, usted no merece que yo anime sus fantasías, porque no estoy dispuesta a dejarme adorar por nadie.

            Señor don Quijote, no quisiera ser demasiado cruel, pero para ser congruente conmigo misma no puedo permitir que esta “no relación” avance por un camino por el que un día se haga difícil retroceder. Prefiero ser sincera con su persona ahora que aún no hay nada real entre nosotros, ahora que aún es tiempo de que busque a otra mujer que pueda o quiera aceptar ser la “dama” de sus sueños, a esperar a que llegue un día en que descubra por sí mismo que no soy la que usted había soñado, que me vea tal vez en brazos de otro hombre y llegue a equivocadas conclusiones que, según es su carácter, deriven  en desgracias para todos.
            No, no quiero ser su dama, no puedo ser su dama. Soy incapaz de vivir la vida que otros puedan soñar para mí. Necesito sentirme libre para vivir mi propia vida. Tal vez una  que no me permita tantas glorias y tantas ventajas como si le aceptase como mi caballero andante. Pero mi propia vida al fin y al cabo. Si algún día acepto el tributo de algún hombre, desearía que éste fuese aquel en quien mis ojos y mi corazón también se han fijado, que me viera como una mujer de carne y hueso, con sus defectos y virtudes, con sus alegrías y sus tristezas, una mujer que tiene derecho a disfrutar de las cosas que la vida les ofrece en la misma medida que él lo tiene, una mujer que está dispuesta a compartir  su vida, siempre y cuando sea en igualdad de condiciones.
            Sé que esto no es lo que se espera de una mujer de mis tiempos. Pero ¡qué le vamos a hacer! Yo soy así. Quizás mis palabras le escandalicen y piense que estoy loca. Pero puedo asegurarle que no es tal la cosa, simplemente es lo que siento y no me encuentro con capacidad ni con derecho a esconderlo, porque espero y deseo de todo corazón que llegue un tiempo en que todas las mujeres (o al menos la gran mayoría de ellas) piensen como yo, y puedan hacerlo y expresarlo sin temor a ser tachadas de locas, de inconscientes, de casquivanas, o incluso de alguna cosa peor.
            Estimado señor don Quijote, ya sólo me queda despedirme de usted esperando  que pueda encontrar la dama que su persona se merece.  Pero yo le aconsejaría que no la adorara como se adora a una diosa, sino que la baje del pedestal en que a mí me tiene elevada en este momento y que comparta con ella realidades y esperanzas, que se deje acariciar con la mirada enamorada de sus ojos y se permita escuchar sus palabras. Porque las mujeres también sienten, padecen y hablan, como seres que son de carne y hueso.

            Que tenga usted suerte y que el amor verdadero enderece sus pasos por el camino de la felicidad.
                                                                       Atentamente,
                                                           Aldonza Lorenzo
                                   (Dulcinea del Toboso en sus sueños)

EL COLUMPIO DE LA ENCINA. Un nuevo poema infantil mío publicado junto al artículo RELATOS Y POEMAS PARA CURAR EL ALMA, en el núm. 6 de la Revista CHARÍN de LIJ.


Después de la primera publicación de uno de mis poemas infantiles, pudiera decirse que estoy de enhorabuena porque otro de ellos, el segundo, ha visto la luz, esta vez en la Revista Charín de Literatura Infantil y Juvenil. Para mí es más emocionante si cabe puesto que este es el género que menos practico. Solo de vez en cuando me he animado a escribir algunos poemas para gente menuda, habitualmente pensando en mi hija. 
El columpio de la encina rememora las horas y horas que yo pasé meciéndome en el balancín que mi padre improvisó para nosotras. Ya no era tan pequeña, pero me gustaba sentarme en él  mientras contemplaba las nubes pasando sobre mí e imaginaba personajes que veía dibujarse en las mismas.
Para mí ha sido emocionante verlo publicado en este nuevo número de una revista que ya es un referente en muchos lugares, ilustrado nuevamente por Fernando Noriega.

La ilustración de Fernando Noriega

































Imagen que acompaña al artículo en la revista.
En esta ocasión, mi participación en la revista ha sido doble, pues su directora Mª del Camino Ochoa, buena conocedora de la relación que en etapas anteriores de mi vida profesional me he unido a la literatura infantil desde la Educación,  ha confiado en mí para realizar un artículo sobre la importancia de esta. El resultado fue el artículo titulado "Relatos y poemas para forjar una vida", cuyo texto dejo aquí para quien quiera animarse a leerlo. Es una reflexión personal sobre lo que yo considero que aportan tanto los relatos como la poesía al crecimiento de las personas. Espero que os guste si os animáis a leerlo.

FELICITACIÓN DESDE LA BLANCA Y "CÁLIDA" NIEVE.

Se acerca el final de un nuevo año y, hoy, he decidido darle un repaso a mi blog personal, este que últimamente tengo tan olvidado porque me absorven otros aspectos más públicos que personales. Curiosamente, me ha sorprendido ver el gran número de visitas que he tenido, especialmente en algunas de las entradas más literarias. Así que agradezco el aliento que eso significa para seguir haciendo mis "pinitos" en el mundo de la literatura. 
Con todo ello y algunas novedades que me han venido sucediendo en los últimos meses, voy a tratar de poner al día algunas cosillas. Especialmente para quienes siempre estáis riñendo conmigo porque me decís que escribo poco. No es verdad. Escribo mucho, aunque no necesariamente lo que querría para satisfacerme literariamente. Pero de vez en cuando, lo que va sucediendo en el camino me ayuda a no desfallecer en el empeño. 

Se aproxima un nuevo año. Puedo aseguraros que tengo en mi mente y en mi corazón nuevos proyectos, proyectos que espero compartir pronto con quien día a día me seguís demostrando vuestro apoyo, vuestro cariño y vuestra amistad.

Como anticipo de todo ello vaya esta felicitación que surge desde lo más blanco de la nieve y desde el calor de mi corazón. 




El recorrido romántico sobre Guzmán el Bueno, rescata sus textos por la vía digital.

Parecía que no iba a llegar nunca, pero al final lo ha hecho. Aunque no exactamente tal y como hubiéramos deseado. 
Como el 2009 llegó ya con las vacas flacas, la publicación en papel que siempre acompañaba a los Recorridos románticos de León, para rescatar para el futuro los textos que se leían durante los mismos, ya se quedó por el camino. 
Pensamos que se perderían definitivamente, pero el empeño de algunas de las personas que han estado detrás de ello, sin desfallecer ante las dificultades,  han conseguido que finalmente vean la luz (junto con otras ediciones de dicha actividad literaria) aunque solo  sea en versión digital. 

En aquel momento, Sarita Valladares me invitó a participar en la edición nº 39 del recorrido, dedicada a recordar el 700 aniversario de la muerte de un personaje histórico muy ligado a León, Guzmán el Bueno. Aunque ya pudisteis leer el texto en su momento, a través de este blog Guzmán el bueno, entre la realidad y la leyenda, os dejo ahora el enlace al conjunto de los textos, en un recorrido en el que encontraréis otros nombres conocidos a través de las actividades en Astorga como Charo Acera o Rafa Saravia. 


El resto de textos relacionados con los recorridos románticos de otros años, podréis también leerlos en  la pág. 

martes, 11 de marzo de 2014

ROBUSTIANO. El relato aportado por Manuela Bodas al Filandón sobre La matanza, realizado en el Reguero Moro, el pasado 28 de febrero.



Como ya comenté en su momento, no fui yo la única contadora del día 28 en el Filandón del Reguero Moro. Relatos muy diferentes se dieron cita en una mágica y evocadora cita en la que la música y la palabra se hicieron protagonistas junto a la estupenda cena que pudimos degustar.Y para compartir con vosotr@s un pedacito de aquella velada, aquí os dejo el relato que nos ofreció Manuela (Loli) Bodas. ¡Qué lo disfrutéis tanto como lo hicimos quienes aquel día pudimos escuchárselo de primera mano!
Gracias Manuela. 

ROBUSTIANO
           
El bosque surgió repentinamente de la noche con los primeros rayos de la aurora, y allí, con el alba se podía ver un cuerpo, aparentemente sin vida, sobre la hierba aún húmeda por el rocío.[1]
            ¡Craso error! El cuerpo tenía mucha vida. Era un cuerpo con muchas ganas de vivir, así que lo de parecer un cadáver, sería sin duda por la luz mortecina de los primeros minutos de la mañana. Lo que había pasado es que cayó exhausto al anochecer, ya que había estado corriendo todo el día para que no le encontrasen, pues se había escapado de la pocilga. No quería convertirse en embutido.
            - Pero tía, el otro día no comenzaste el cuento de esta forma. ¡Cada día lo empiezas de una manera! ¡Así no hay quien se aclare!
            - Bueno hombre no te quejes tanto, en los filandones de mi niñez, nunca se contaban las historias de la misma manera, porque uno no está igual todos los días. Unos días tienes más ganas y le pones mucho epíteto y otros, sólo vas a la chicha de la historia.
            -¡Venga sigue! A ver por dónde sale hoy Robustiano. ¡Que menudo baile traes con él! Menos mal que no debió de existir. Me huele a mí, que a ti esta historia te la contaron como me la cuentas tú ahora, aunque me quieras convencer de que conociste a Robustiano.
            -¡Serás mentecato! ¡Pues ahora te vas a quedar con las ganas, hale! Ya e estás poniendo el pijama y largo para la cama!
            El muchacho se abrazó a su tía y le rogó, como lo hacía siempre que estaba en su casa, que le contara alguno de sus cuentos o filandones, como ella los llamaba. Le encantaba escucharla.
            - Está bien, pero no seas tan respondón, o de lo contrario una noche de estas, te irás a la cama sin escuchar las historias de cuando yo era niña.
            El chaval se repanchingó en la hamaca de mimbre y se hizo todo oídos.
            Como iba diciendo, Robustiano se desperezó y lo que antes parecía un cuerpo inerte, ahora era un gocho lleno de vigor, que tenía que pensar cómo salir de aquella. Seguramente su amo, habría salido en su busca, y no se daría por vencido fácilmente, intentaría encontrarlo por todos los medios posibles, al fin y al cabo era el sustento que iban a tener él y su familia, buena parte del invierno.
            Que triste es el fin de los cochinos, y no lo digo por los que no se lavan, que también, hablo de esta raza en la que el universo me ha dejado anclado. Tendré que adentrarme en ese bosque cercano para pasar desapercibido y no dejar rastro.
            Robustiano caminó con determinación hasta adentrarse en el bosque. En el trayecto se fue acordando de lo bien que había vivido en la granja. Sus moradores humanos eran buenas personas, pero claro está, a él le mantenían y le querían por el interés, el interés de que sus lomos, jamones y jugosa carne, les hiciese apaño para unos buenos chorizos, cosa a la que él, no estaba dispuesto de ninguna manera. Se acordó de cómo le había ensimismado la pocilga, grande, bien equipada, vamos una mansión al lado del lugar de donde provenía. No se acordaba de sus progenitores, pues le separaron  muy pronto de ellos.
            De pronto oyó hocicar cerca de él. Se paró y puso sus cuartos traseros detrás de un arbusto para poder observar. No podía creerse aquella aparición. Una hermosa jabalina, no de las olímpicas, ni de tiro a la jabalina, sino de cuatro patas como él, hocicaba en un hoyo.
            ¡Qué hermosas rayas, qué jamones prietos, que morritos tan chupópteros! Es la primera vez que veo una belleza semejante. Lo que es salir de casa. ¡Cuánto nuevo se ve y cuánto se aprende!
            Robustiano, con la campechanía que lo definía, salió al encuentro de aquella
preciosidad.
-       ¿Puedo ayudarte a buscar, hermosa?
La jabalina le clavó la mirada, rascó con fuerza la tierra con su pata derecha trasera y se lanzó como una posesa sobre Robustiano.
Éste, al ver aquel intento de atropello, salió pitando. Durante un rato, se vio perseguido por la jabalina, que no le daba respiro, hasta que vio que a ella, lo mismo que a él, le iba faltando el aliento. Entonces se volvió y le espetó desde detrás de un árbol, que hacía las veces de escudo:
- Pero si yo solo quería ayudarte. Anda que si se me ocurre acercarme mas a ti, me linchas. Pues si que eres peleona.
La gocha montesa, cansada por la carrera, y viendo que aquel jabalí, de piel lisa y casi sin pelo, que parecía un alienígena, estaba sin resuello, detuvo su carrera dispuesta a entablar conversación.
-¿Pero me quieres decir de dónde has salido, así, tan, tan……?
-¿Tan, tan, tan… qué? ¡Vale somos un poco distintos en el pelaje, pero supongo que eso será porque aquí en el bosque la moda es distinta a la de mi granja!
-¿Granja? ¿Qué es granja? Pero Chsssss…, creo que escucho unos pasos cerca, debemos ponernos a cubierto.
Cual sería la sorpresa de Robustiano al ver a su granjero con los pulmones en la boca buscando y mirando por aquí y por acullá. El hombre se sentó en una piedra y sacó el moquero de su bolsillo para limpiarse el sudor.
Jabalina, al percatarse de la tembladera que le entró a Robustiano, le indicó que la siguiera. Los dos cerdos se alejaron, con mucha cautela del lugar hasta llegar a una especie de poza por donde se accedía a la cueva de aquella gocha montesa.
Allí dentro se estaba de maravilla, hacía fresco y el suelo estaba liso y seco, se veía que la cueva estaba muy bien cuidada. En un hueco a modo de vasar, yacían varios manojos de raíces y nabos colocados con esmero. Le gustó aquella especie de pocilga de monte. Era muy acogedora, se tumbó para descansar y, cuando no había terminado de  relajar  sus posaderas, escuchó unos ruidos que le eran conocidos, como de cochinillos pequeños, miró hacia el lugar de donde provenían y quedó maravillado, allí, tumbados en hilera, hocicaban cinco pequeñines rayados y morenos.
-¡Cuidado, no te acerques de golpe! No conocen tu olor. –Le espetó la   jabalina.
Robustiano no podía dejar de contemplar aquella hermosa estampa. Luego se tumbó y dejó que la madre se acercara y les diera de mamar. Cuando terminó, le conminó a acercarse.
-       Ven, si te acercas estando yo aquí, ellos te tomarán confianza.
El marrano se acercó con sigilo, por nada del mundo quería importunarles, les observó con cariño, como si fueran algo suyo. Miró a la jabalina con ojos bobalicones, en aquel momento sintió un profundo latigazo en su corazón, nunca antes le había dado esos saltos su máquina de querer.
A ella, también se le clavó una flecha juguetona en el corazón, era la segunda vez en su vida que le pasaba eso. La primera vez fue con el padre de aquella hermosa piara que ahora respiraba vida, lo contrario que el pobre prócer, que cayó en una emboscada de hombres armados con escopetas, que ni siquiera eran valientes para enfrentarse a los animales en sus mismas condiciones. En aquellos momentos, la vida allí era una balsa de aceite, pero iba a durar poco el ensimismamiento, porque otra vez los pasos acelerados de un hombre se sentían justo encima de ellos.
- Ese es el amo, conozco bien sus pisadas. No se va a dar por vencido así como así.
- Tranquilo, no creo que falte mucho para que se aparezcan aquí cerca, una manada de lobos que cada atardecer salen a buscarse la vida. Creo que en cuanto oiga el primer aullido, se irá a toda mecha.
Así fue, en cuanto el primer aullido del lobo se escuchó fuera,  un torpe trote humano, pasó de vuelta sobre ellos.
-Creo que a éste ya no le quedarán ganas de volver a buscarte.
- Opino lo mismo. Solo me he quedado con las ganas de haberme hecho entender para poder preguntarle qué le parecería a él que yo quisiera hacer chorizos con su cuerpo.
La jabalina se desternilló de risa durante un rato.
- ¡Nunca se me hubiera ocurrido nada igual! Pero tienes razón, ya que los humanos nos convierten en chorizos, deberíamos saber qué opinarían si supieran que nosotros les entendemos y que también sabemos hablar, solo que lo hacemos en una frecuencia que ellos no alcanzan a escuchar.
- Y colorín, colorete, este es el fin de la historia de Robustianete.
- ¡Es la vez que más me ha gustado! Ningún día me lo habías contado tan bonito. Nunca más volveré a comer chorizo, ni salchichón, ni jamón, ni lomo, ni nada, pobre cerdo, papá tiene uno muy guapo en la pocilga, no voy a dejar que lo mate, no señor. Robustiano tenía razón. ¿Qué sería de nosotros, si los cerdos hicieran chorizos con nuestros cuerpos?
- Oye, tranquilo, esto solo es un cuento, no te lo vayas a creer. ¡Mira qué eres, con lo ricos que están los chorizos que hace tu madre!
- Bueno me lo pensaré, ahora me voy a la cama, tengo mucho sueño. –Le dio un beso a su tía y se fue a la habitación.
Aquella noche, en sueños, los chorizos de la matanza del año anterior, cobraron vida. Despertó sobresaltado y con dolor de barriga. Tenía la sensación de que los chorizos que se había comido hasta entonces, andaban dándole puñetazos dentro de su cuerpo. El sueño volvió en su ayuda y le llevó a la  cueva donde Robustiano le presentó a su familia. Desde esta historia, el muchacho se hizo vegetariano, que rima con Robustiano. 

                         Manuela Bodas Puente.

[1] Este párrafo, lo he copiado de un bloc de mi hija, que rescaté de la papelera. Siempre me gustó y he decidido utilizarlo (con su permiso, por supuesto) para comenzar este relato filandonero.

domingo, 2 de marzo de 2014

EL BESO. Un relato breve para participar en el Filandón sobre la Matanza, realizado en el Reguero Moro de Veguellina de Órbigo.

Siempre he disfrutado mucho con las historias, primero con las que me contaba mi padre, a quien tuve la desgracia de perder demasiado pronto, y luego con las de mis compañeros y compañeras de filandones y veladas, en los que caí por casualidad y que me atraparon definitivamente.  La finalidad de los mismos no era solamente compartir nuestras historias con el público, era sobre todo compartir también entre nosotros unos momentos agradables intercambiándolas y encontrar así un nuevo estímulo para la creación y el recuerdo. 
El pasado día 28, después de una larga y agotadora semana de trabajo tuve una nueva cita (la segunda en dos meses) en el Reguero Moro, de Veguellina de Órbigo, gracias al buen hacer- una vez más- de Helena J. Gª Fraile, y la buena disposición y mejor comida de Xavi. En esta ocasión una cena-filandón con tema de fondo: la matanza. En torno al mismo girarían platos y relatos.
De las contadoras (casualmente eramos 4 mujeres de 4 generaciones diferentes) me tocó intervenir en último lugar, tarea harto difícil después de los relatos presentados por mis compañeras de narración. Y después de unos breves minutos entrelazando algunas anécdotas de mi infancia y juventud en torno a recuerdos ligados a la matanza, esa tradicción tan nuestra y que tantos recuerdos trae a tanta gente, concluí con un relato hilvanado en torno a uno de nuestros productos más típicos, y escrito especialmente para la ocasión. 
Y aunque la vena cómica no es precisamente la que mejor se me da, en este caso, este es el fruto de mis elucubraciones en torno a  uno de nuestros productos más típicos y que, tal vez, sea lo único del cerdo con lo que yo no puedo. 
Espero que el mismo os divierta y os arranque alguna que otra sonrisa. 
 
EL BESO

Sus manos jugaron a enlazarse por encima de la mesa, entre los obstáculos fácilmente superables de vasos y tazas. Mientras, la caricia se extendía a través de sus miradas que recorrían cada rincón del rostro del otro, buscando reconocerse, aprenderse cada poro, cada pliegue de la piel ajena.
Pronto, la distancia que entre ambos suponía aquella mesa de cafetería, se les antojó infinita. Y se encontraron sentados, muy juntos, en aquel diván de un discreto rincón de la cafetería, ajenos a todos y a todo.
Las manos ya no se conformaron con las manos. Para la mirada ya no fue suficiente encontrarse con la mirada del otro. Y sus rostros se juntaron buscando el aliento ajeno mientras los dedos dibujaban nuevas geografías aún desconocidas. Y tras ellos llegaron los labios, deslizándose por cada detalle de la faz del otro, para acercarse despacio, muy despacio, hacia aquellos labios que se ofrecían entreabiertos y ardorosos. Hasta que llegaron  a juntarse en aquel primer beso que jamás olvidará.
Tras el primer impulso, un cuerpo apartándose bruscamente del otro, una voz apenas imperceptible, con un ligero matiz de asco en el acento, preguntando: 

-    ¿Has comido morcilla?
  •    ¡HUELES a morcilla!
Y la magia del momento rota para siempre, ante la mirada incrédula de la pareja, ante una perplejidad que, aún lo recuerda bien, tardó largos minutos en superar.

Son las fiestas de San Froilán, y un olor intenso a morcilla recién hecha se extiende por cada rincón del Barrio Húmedo.
Han pasado muchos años desde aquel primer beso que rechazó y aún sigue sin soportar el olor de la morcilla impregnándose en la piel y en el aliento. Un olor agrio, como a rancio, que perdura durante horas a pesar del agua, del jabón, e incluso de la pasta de dientes, un olor que le sigue produciendo rechazo sin conocer el origen ni la causa.

Con mis felicitaciones a mis compañeras de narración Loly Bodas, Ana Gaitero y Lucía Rubio, así como el estupendo grupo de músicos que nos acompañaron, los componentes de L'arcu la vieya y también Alfonso Martínez con su rabel. Todo ello dirigido por Eugenio. A todos muchas gracias por compartir una velada estupenda.