sábado, 5 de febrero de 2011

DÍA ESCOLAR DE LA NO VIOLENCIA Y LA PAZ. Y ESO ¿QUÉ ES?


 Leo los periódicos y veo mucha crispación en la sociedad en la que vivimos. Las revueltas en Egipto clamando por unos derechos que no tienen. El asesinato de mujeres trabajadoras por afán de la codicia. Nuevos casos de violencia machista. Insultos provocados por este periodo preelectoral que vivimos y en el que parece que llevamos inmers@s siglos enteros por lo que ya viene durando. Palabras, gestos, acciones que nos hablan de falta de armonía social, de conflictos más o menos violentos, de incomprensión, de insolidaridad. 
Hace apenas unos días, pasó el Día Escolar contra la Violencia y por la paz. Fue el 30 de enero, domingo. Días antes y días después, los centros escolares trabajaron en favor del diálogo con distintas actividades y propuestas. Pero esta realidad pasó prácticamente desapercibida entre los medios que  informan a la sociedad  de lo que está pasando  "porque el mundo tiene cosas más importantes de las que hablar",  y , claro, casi siempre cosas negativas.  Seguramente, apenas nos enteramos quienes tenemos en casa a una pequeña criaturita en edad escolar. Y, posiblemente, en algunos caso ni eso. 
Pero mi hija habló mucho durante esos días. Y cantó mucho. Y reflexionó mucho. Y después, una vez pasado el día, también preguntó mucho, sobre cosas que aún no habían salido en el proceso previo. Todo ello hizo que mi cabeza trabajase en torno a toda una serie de ideas que bullían en ellas. Y de ahí salieron dos pequeños artículos. El primero tenía que haber salido en la sección de Cartas al Director del Diario de León. Pero una vez más pudieron más los descreditos, las crisis futbolistas y otros temas que solo tratan de echar más leña al fuego de un panorama político claramente electoralista. El segundo sí fue publicado en El Faro Astorgano del día 29 de enero. 
Aquí os los dejo, para que les echéis un vistazo si os apetece y, también si queréis, compartáis conmigo vuestras impresiones.

ESCOLARES: LA VOZ DE LA PAZ Y LA ESPERANZA.
            El día 30 de enero, en multitud de colegios, se conmemora el Día Escolar de la No Violencia y la Paz. En torno a ese día los patios escolares se llenarán de dibujos de colores, de palomas de la paz, de globos infinitos recordando la multiplicidad de razas que pueblan el mundo y de voces que, cantando y bailando de la mano, más allá de las diferencias individuales, recordarán que un día como ese, de hace 53 años, Mahatma Gandhi, líder nacional y espiritual de la India, el mayor símbolo de la resistencia pacífica de todos los tiempos, murió asesinado a tiros por un integrista hindú. En este día, los centros escolares se convierten en instrumentos de paz y entendimiento entre personas de distinta formación, raza, cultura y religión, con un mensaje básico: “Amor universal, No-violencia y Paz. El Amor universal es mejor que el egoísmo, la No violencia es mejor que la violencia y la Paz es mejor que la guerra’. Tal vez sea hora de volver nuestras miradas hacia ellos y olvidar por un momento la profunda crispación que parece extenderse día a día en nuestra sociedad, crispación basada en la intransigencia, el egoísmo, la intolerancia, propagadas muy a menudo por la clase política y los medios de comunicación, y que están desembocando en una profunda desesperanza, principalmente entre los sectores más frágiles de la sociedad: las personas mayores y la infancia (juventud). Ghandi dejó un permanente legado a la humanidad: las posibilidades y la fuerza del diálogo, la importancia de escuchar a la otra parte, de consensuar intereses… para solucionar conflictos de todo tipo.  No olvidemos que nuestras hijas, nuestros hijos, son nuestro futuro, el futuro de un mundo al que les hemos traído sin contar con ellos. Y que les estamos dejando una  herencia que están recibiendo YA, en el día a día, a través de las palabras con que envolvemos las horas, el tiempo que les dedicamos, pero también de nuestro ejemplo a la hora de actuar frente al resto de la sociedad. Que esa herencia se convierta, como la de Ghandi, en una herencia de tolerancia, de respeto, de escucha y diálogo, de solución de conflictos por la vía pacífica. Y de esperanza. Porque las cosas cambian, la vida avanza, y ese avance debe ser siempre hacia delante, hacia la convivencia pacífica, hacia la mejora de nuestros derechos, pero también de los de quienes han llegado a formar parte de nuestra sociedad. Y eso no se consigue a golpe de intransigencia. ¡Qué  las voces de nuestra gente menuda se eleven para servirnos de ejemplo y recordárnoslo continuamente! 


ESCUCHEMOS LA VOZ DE NUESTRA INFANCIA.
(30 de enero. Día escolar de la no violencia y la Paz)

            Pronto, muy pronto, en los colegios de toda España y de gran parte del mundo, en torno al día 30 de enero (que este año cae en domingo y por tanto en fecha no lectiva) los patios se llenaran de dibujos de colores, de palomas de la paz, de globos infinitos recordando la multiplicidad de razas que pueblan el mundo y de voces que, cantando y bailando de la mano, más allá de las diferencias individuales, recordarán que un día como ese, de hace ya 53 años, Mahatma Gandhi, líder nacional y espiritual de la India, el mayor símbolo de la resistencia pacífica de todos los tiempos, murió asesinado a tiros por un integrista hindú, viendo truncado con ello tantos sueños de libertad y de avance de una de las naciones más pobladas del mundo, que había depositado en él y sus métodos pacifistas sus esperanzas para mejorar sus condiciones de vida. Y que una vez más, la intransigencia dio al traste con esos sueños de mejora y libertad que ya habían comenzado a dar sus frutos en un país sumamente complejo, mientras su forma de hacer se convertía en todo un ejemplo para el resto del mundo.
            El Día Escolar de la No violencia y la Paz (DENIP) fue declarado por primera vez en 1964. Surgió de una iniciativa pionera, no gubernamental, independiente, y voluntaria de Educación No violenta y Pacificadora del profesor español Llorenç Vidal. Su objetivo es la educación en y para la tolerancia, la solidaridad, la concordia, el respeto a los Derechos Humanos, la no violencia y la paz. En este día, los colegios y centros se convierten en instrumentos de paz y entendimiento entre personas de distinta formación, raza, cultura y religión, con un mensaje básico: “Amor universal, No-violencia y Paz. El Amor universal es mejor que el egoísmo, la No violencia es mejor que la violencia y la Paz es mejor que la guerra’, tras haber estado trabajando en ello durante una parte importante del curso. El DENIP fue reconocido por el Ministerio de Educación y Ciencia, mediante Orden Ministerial del 29 de noviembre de 1976. Posteriormente sería también refrendado por la ONU,  en 1993, haciendo extensiva esta conmemoración al resto del mundo.
            Las enseñanzas y el ejemplo de Ghandi quedaron ahí, como legado permanente para la humanidad, con posibilidad de ser aplicados en cualquier lugar del mundo. Nos hablan de la fuerza del diálogo, de la importancia de escuchar a la otra parte, de consensuar intereses… Pero muy a menudo, demasiado diría yo, parece que sus esfuerzos cayeron en saco roto. No hace falta mirar muy lejos para observarlo. No es preciso llevar la vista hacia esos países en continuo estado de guerra que llenan horas y horas de la actualidad informativa. Una violenta realidad se nos muestra día a día, desde la intolerancia que a veces se vive también en las aulas, desde la crispación de la clase política que solo mira sus propios intereses en vez de los de aquellas personas que los pusieron en el lugar en que hoy están, desde la tensión de las familias rotas; desde las pantallas televisivas y los micrófonos radiofónicos,  desde los titulares y las líneas periodísticas que resaltan la intolerancia, los gritos, que parecen mostrarnos solo la cara oscura de un mundo donde también hay gente trabajando codo a codo por conseguir que ese mismo mundo mejore. Ante esta realidad, parece que valores como la solidaridad, el diálogo, la capacidad de ayuda, la capacidad de superación no existieran o no tuvieran cabida en nuestras vidas. Vivimos en un permanente estado de crispación que puede convertirse en la mecha de conflictos cada vez más graves. Pero aún hay resquicios de esperanza para cambiar a mejor estas perspectivas tan nefastas. 
            Estos días escucho continuamente tararear a mi hija la canción “Color Esperanza”, la elegida por su colegio para este Día de la paz, una hermosa canción de ilusión por el futuro de la que me voy a permitir la licencia de extraer algunos de los versos que me han parecido más hermosos en relación con el tema que hoy me he decidido a abordar:
“…Saber que se puede, querer que se pueda,
quitarse los miedos,  sacarlos afuera,
pintarse la cara color esperanza,
tentar al futuro con el corazón…”
Porque estoy cansada de ver y escuchar la desesperanza que se está sembrando día a día no solo entre nuestra gente mayor, sino también entre la gente joven, a mucha de la cual miro incrédula sin reconocer en ella la fuerza y la ilusión que un día empujó la nuestra. Eran tiempos muchos más difíciles que ahora y sin embargo tomamos en nuestras manos la fuerza de la palabra, la fuerza del sentido común, la fuerza del razonamiento, que nos hacían movernos a impulsos de la injusticia, aunque esa injusticia no afectara directamente a nuestra persona.
            No lo olvidemos. Recordemos que nuestras hijas, nuestros hijos, son nuestro futuro, el futuro de este mundo al que les hemos traído sin contar con ellos. No recibirán nuestra herencia cuando nos vayamos definitivamente, la están recibiendo ya, en el día a día, a través de las palabras con que envolvemos las horas compartidas, del tiempo que les dedicamos, pero también de nuestro ejemplo a la hora de actuar frente al resto de la sociedad. Que esa herencia se convierta, como la de Ghandi, en una herencia de tolerancia, de respeto, de escucha y diálogo, de solución de conflictos por la vía pacífica. Solamente así llegará un día en el que, como dice la canción tantas veces cantada por José Antonio Labordeta (y seguramente tantas veces coreada por muchos y muchas de nosotros)
“…tod@s / al levantar la vista/ veremos una tierra / que ponga libertad /
herman@ aquí mi mano / será tuya, mi frente/ y tu gesto de siempre /
caerá sin levantar / huracanes de miedo / ante la libertad…”
Una libertad que se nos coarta cada vez que se nos quieren imponer las ideas a golpe de intransigencia, apoyándonos en la débil excusa de la tradición y la historia.
            Porque las cosas cambian, la vida avanza, y ese avance debe ser siempre hacia delante, hacia la tolerancia y la convivencia pacífica, hacia la mejora de nuestros derechos, pero también de los de quienes han llegado a formar parte de nuestra sociedad. Y eso no se consigue a golpe de intransigencia. No lo olvidemos y que las voces de nuestra gente menuda se eleven una vez más para servirnos de ejemplo y recordárnoslo continuamente.
 Texto publicado en el Faro Astorgano del 29 de enero de 2011

Las fotos, tomadas en distintos puntos de nuestra hermosa provincia, pretenden ser un homenaje a la armonía que aún podemos encontrar en nuestro mundo, un canto a la esperanza que tenemos que transmitir a nuestras hijas e hijos.

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo con todo lo que dices, vivimos en una sociedad cabreada, insatisfecha y que no sabe respetar ni querer a las personas que tiene cerca.
    Vivimos en una sociedad en la que todo vale y todo, aunque este mal hacerlo, lo justificamos. Que valores éticos vamos a enseñar a nuestros hij@s si nosotros mismos no los respetamos?
    Un poquito de valeriana para esta sociedad tan alterada.
    BELEN

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  2. PORQUE NO TODO VALE... AUNQUE SE EMPEÑEN EN HACERNOSLO CREER.


    Que sea como un viento
    Que arranque los matojos
    Surgiendo la verdad
    Y limpie los caminos
    De siglos de destrozos
    Contra la libertad

    ISABEL ALONSO

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