jueves, 3 de octubre de 2013

RETOMANDO EL LIBRO "VAMOS JUNTOS A JUGAR"

Y como ya no tengo abuela voy a hablar un poco de mi trabajo.Un libro del que estoy muy, muy orgullosa, y que vio la luz gracias a muchas colaboraciones. Principalmente las de un grupo de viudas que compartieron conmigo los recuerdos de los juegos de su infancia, y luego, la de los niños y las niñas de segundo de Primaria del Colegio La Milagrosa de Astorga, un colegio que hoy ha desaparecido absorvido por la Fundación Escolapias, y en cuyos patios yo jugué muchos años. Y por supuesto la de su profe, Conchi Louzán,que me recibió en su aula para que pudiera enseñarles todos esos juegos que luego su alumnado me ilustraría con la simpleza y la ingenuidad de sus tiernos años. Sin olvidar a mi sobrina María y a mi hija Mónica, que también colaboraron en el mismo con sus lápices de colores...
Hoy este libro está en muchas casas que tienen niños y niñas, y de vez en cuando reciben la crítica de algún amigo generoso, como Manuel Cortés, magnífico escritor de cuentos que dejó sus amables comentarios en esta página de escritores aragoneses.   http://aaescritores.com/blog/tag/mercedes-g-rojo/
El libro aún podéis encontrarlo en algunas librerías de Astorga y de León, o poniéndoos en contacto directo conmigo. 
Aunque en el momento inicial al que se refieren muhcos de esos juegos, la mayoría se jugaban fundamentalmente y exclusivamente por chicas, hoy día a muchos niños y niñas les ha proporcionado buenos momentos de juego. Puede ser un buen regalo para grandes y chicos/as. UN BUEN REGALO PARA RECORDAR. UN BUEN REGALO PARA COMPARTIR. 

Y precisamente para compartir, os dejo aquí una muestra de su contenido. Un juego muy sencillo con el que los niños y las niñas que en su momento han acudido de campamento conmigo, han disfrutado grandemente. Uno de los que, curiosamente, más éxito han obtenido. También a la hora de las ilustraciones, como podéis comprobar. 

Ficha 1: JUEGO DE LAS HABAS

      Tipo de juego: Podríamos decir que se trata de un juego de habilidad, en el que se ejercita la coordinación viso-motriz. También entraría dentro de los juegos de precisión o de lanzamiento.  Aprovecha, para el mismo, recursos naturales a nuestro alcance  y se jugaba sobre todo entre las chicas.



      Elementos para el juego: Para jugar se necesitan habas o alubias de distintos colores y un pito o canica, que habitualmente eran algo más grandes y más pesados que los utilizados por los niños para jugar a las canicas.  Cada niña tenía sus propias habas, que solían guardar en saquitos de tela, en ocasiones hechos por ellas mismas.
              No todas las habas  valían lo mismo, pues las había más y menos bonitas. Algunas de ellas, las más corrientes, se despreciaban y no se admitían para el juego, en cambio otras eran mucho más apreciadas y trataban de intercambiarse con las compañeras, a veces por un número considerablemente mayor, por ejemplo una por cuatro o más.  



Las habas más habituales eran:
·         Negritas (de color totalmente negro)
·         Rojitas
·         Lecheritas (alubias más bien grandes de color blanco con manchas negras)
·         Gayolitos

   Nº de participantes en el juego: No había un número exacto, pero para que resultase de interés al menos había que juntarse 4 ó 5 chicas

    Espacio para el juego: Se elegía un lugar de tierra, para poder realizar un hoyo en el suelo, que solía colocarse cerca de una pared.

   Tiempo en que se jugaba: Era fundamentalmente un juego de invierno.  Entre las niñas de la época se decía:

“El Domingo de Ramos
las habas escarchamos”.

(se guardaban las mismas y ya no se volvía a jugar a ellas hasta que llegaba el otoño).


Desarrollo del juego:  Cada jugadora ponía en el hoyo, por ejemplo, 12 alubias, y se establecían los turnos de tirada.  Desde una distancia de unos 3 metros, cada jugadora tiraba el pito, intentando que éste cayese dentro del hoyo.  Si no entraba, la jugadora añadía al hoyo un número previamente acordado de alubias, y pasaba el turno a la siguiente jugadora.  Aquella que conseguía meter el pito en el agujero, se quedaba con todas las alubias. Si había muchas se solía decir que había conseguido una “farracada”[1] de ellas.


        Las informantes comentaban medio en broma medio en serio que este juego se perdió con el hambre de los años 40, pues las habas eran demasiado apreciadas para comer como para derrocharlas utilizándolas para los juegos.
Años de localización del juego: Década de los años 20 y 30 hasta mediados de los 40. Después no hemos podido contrastar más referencias al respecto entre la gente de la zona.
Lugares de localización del juego: Fundamentalmente en Astorga




Variante del Val de San Lorenzo:

 De la vecina localidad del Val de San Lorenzo, se ha recogido una variante  de este “juego de las habas”, que presenta considerables diferencias, aunque como el anterior podríamos considerarlo dentro de los juegos de habilidad destinados a ejercitar la coordinación visomotriz o de los juegos de lanzamiento.

 Desarrollo del juego:           

              Se hacía un hoyo en la tierra y solían jugar tres niñas, más o menos. Cada una de ellas seleccionaba  las  alubias con las que iba a jugar,  de distinto color para unas y otras, con el fin de  conocerlas mientras se jugaba.
              También en este caso se hacia un hoyo en la tierra. A una distancia prudencial se trazaba  una raya  de la que  no se podía pasar en la primera fase del juego: el lanzamiento.  Desde ella cada participante, por turnos,  lanzaba tres alubias hacia el hoyo, una a una. La que quedara más cerca de él era la que empezaba a jugar, empujándola con el dedo tres veces al tiempo que en cada una de ellas se decía: “uñal”, “garrafal” y “entremuscal”. Si la primera alubia  entraba se volvía a hacer lo mismo con la otra y con la siguiente. Si se  terminaba con las tres propias, se continuaba con las de las compañeras y así hasta que se perdiera. En este caso, si no se había conseguido meter todas, las habas que hubieran entrado en el hoyo quedaban dentro, continuaba  la compañera que hubiera quedado en segundo lugar por lanzamiento intentando introducir las que quedaban fueran y así hasta que se agotaran los turnos o se consiguiera ganar la partida.
La que consiguiera meter las nueve seguidas era la que ganaba.

Algunas propuestas didácticas desde la Educación Ambiental: A partir de este juego podríamos ver los cambios que se han producido en la alimentación humana con el paso del tiempo, aunque sea en el mismo producto, pues algunos tipos de habas de los que las informantes hablan hoy no se pueden encontrar en el mercado, o al menos no fácilmente.  ¿A qué se pueden deber esos cambios?, ¿traen algún tipo de consecuencia sobre la salud humana?
                   También podríamos analizar determinadas costumbres y sus implicaciones como jugar con estos elementos en determinadas épocas, o la costumbre de comerse las piezas ganadas que se ha recogido en algún lugar, etc.
                   Desde el punto de vista de las relaciones intergeneracionales se podrían buscar otros juegos entre hombres o mujeres que presentasen alguna similitud con la mecánica del juego en sí misma, como podrían ser algunas modalidades de canicas, etc…
                   Así mismo, desde un planteamiento ambiental de reutilización de elementos, podría plantearse sustituyendo las habas por otro tipo de materiales naturales susceptibles de ser acumulados: pequeñas piedrecitas redondeadas, pequeños geijos, los gallarones pequeños de los robles,…


[1] No hemos encontrado esta palabra en el diccionario.  Sin embargo, si ha aparecido la palabra “farraca” como sinónimo de faltriquera.  Teniendo en cuenta que las habas para el juego se guardaban como un auténtico tesoro en pequeñas bolsas de tela para ello, podemos considerar que “farracada” derivaría de la misma palabra con este mismo sentido, es decir una “bolsada” o el contenido copioso con que llenaríamos nuestra faltriquera, en este caso de habas que no de monedas.


¡QUÉ LO DISFRUTÉIS!

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