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martes, 24 de mayo de 2016

ENCUENTROS Y REENCUENTROS DESDE DÍAS IMPARES. Ecos del Camino, de Manuel Fuentes & El rayo de sol (de "Días impares") de Mercedes G. Rojo

El ciclo iniciado en torno a la presentación de mi libro "Días Impares", aparecido a finales del mes de febrero, me está dando la oportunidad de tener importantes encuentros, e inclusoreencuentros, con personas del mundo literario y/o cultural, a quien conozco de hace tiempo y con quienes he compartido buenos momentos. 
Ellos (ellas) me están demostrando el valor de la amistad que se adquiere a través de los espacios abiertos por la cultura, la de verdad, la verdaderamente sentida, la verdaderamente compartida y por ello me apetece rescatar  (o realizar otras nuevas, según el caso) reflexiones que surgieron en su momento, con la idea de que tal vez sirvan para abrir nuevos caminos a posibles lectores/lectoras, pues bien sabemos que unas lecturas suelen llevar a otras, y el conocimiento de cualquier obra artística, también. 



Voy a comenzar esta serie de reflexiones que he querido titular Encuentros y Reencuentros desde "Días impares", con la referencia al libro de Manuel Fuentes, Ecos del Camino. Tuve el placer de presentarlo en Astorga, allá por el mes de agosto de 2011 (en otra fase de mi vida). Él lo hizo con mis Días impares en mi reciente estancia en La Coruña.  Y precisamente por ese hilo de unión que nos ha dado el Camino, y en recuerdo de las palabras que entonces le dediqué, incluí entre las lecturas seleccionadas para acercar al público coruñés (gran parte de él de origen leonés puesto que el encuentro se hacía en la Casa de León) el relato titulado "El rayo de sol", un relato que también nos habla de los "ecos" que el Camino va dejando en quienes hemos nacido y crecido a su vera, convirtiéndonos en testigos de tantos pequeños detalles que, sin  duda, esconden miles de historias personales.

Para quien quiera acercarse a las líneas que entonces escribí para su  presentación  y que sigue estando en plena vigencia:

Ecos del Camino. Un recorrido interior por el Camino de Santiago, de Manuel Fuentes.

jueves, 5 de mayo de 2016

PONFERRADA SERÁ TESTIGO DE UN NUEVO ENCUENTRO LITERARIO ENTRE "DÍAS IMPARES" Y "vERSOS ENCENDIDOS"

En el recorrido iniciado para dar a conocer a posibles lectores y lectoras, mi libro "Días impares", en esta ocasión nos vamos a Ponferrada. Y digo "nos vamos" porque lo haré acompañada, una vez más,  de Nuria Antón, para ofrecer al público ponferradino un tándem literario de los poemas y relatos de mi libro con los poemas que ella recoge en el suyo  de "Versos encendidos", ambos editados en LápizCero Ediciones, gracias a la apuesta de Xavier de Tusalle.

Nos acompañará, para presentarnos, un común amigo y conocido escritor y columnista, Manuel Cuenya, quien también se encargará de dar paso al correspondiente coloquio en torno a nuestros libros en el que todos los presentes podrán participar.

En mi caso, como ya es mi costumbre, trataré una vez más de seleccionar aquellos textos que puedan estar más relacionados con Ponferrada. Así que, entre ellos, no podrá faltar  "El rayo de sol", una visión de los peregrinos que a diario recorren el Camino de Santiago y que, por supuesto, no podía faltar en otro hito tan importante del mismo como es esta localidad berciana. El resto, será una sorpresa que habrá que descubir "in situ"

Queremos aprovechar la ocasión para darle las gracias, públicamente, a Javier Suañez, gerente del Café Arlés su excelente disposición para acoger este tipo de eventos. 

ACTO: Velada literaria en torno a "Días impares" y "Versos encendidos"

PRESENTA: Manuel Cuenya

INTERVIENEN: Nuria Antón y Mercedes G. Rojo.

FECHA Y HORA: Viernes 6 de mayo. 20'00 horas.

LUGAR: Café de Arlés. Ponferrada.

¡¡¡OS ESPERAMOS!!!


domingo, 17 de abril de 2016

OBITUARIO. Relato en recuerdo de JOSÉ LORENZO POLLÁN, "JOSELO".

Hace algunos años, siendo concejala de cultura en Astorga, una mañana entró en mi despacho un hombre alto y desgarbado. Venía preguntando por el concejal o concejala de cultura. Aunque él, de entrada, no me reconoció yo supe quién era desde el primer momento. Se trataba de José Lorenzo Pollán, Joselo, como le habíamos llamado siempre durante los años en que nos habíamos conocido. Nosotros, unos chiquillos de 13 a 15 años; él, un joven aproximadamente diez años mayor que nosotros que se preparaba para ejercer de maestro. En aquellos tiempos compartimos actividades de ocio, tertulias,..., en el ámbito parroquial que era de los pocos lugares donde se podían realizar este tipo de cosas. 
Pronto yo le perdí la pista, aunque supe en su momento de su peregrinación a Santiago con dos compañeros míos de promoción, pues seguí su recorrido - como imagino harían otras muchas personas de Astorga - por la prensa local. Después la vida nos llevaría por derroteros muy diferentes y no volví a coincidir con él. 
Hasta el día que cruzó la puerta de mi despacho esperando encontrarse, imagino, a una perfecta desconocida. Traía bajo el brazo un sueño a modo de propuesta. Las crónicas de aquel viaje realizado hacía tantísimos años, cuando el Camino de Santiago solo era una locura en la mente de unos pocos, sin red de albergues que dieran cobijo al peregrino, sin caminos marcados que indicasen la ruta a seguir. Su intención buscar colaboración para poder publicarlo, si es que resultara interesante. 

Llegó en el momento preciso pues en mi mente estaba preparar algo especial sobre el Camino de Santiago para conmemorar el aniversario de su Declaración como Patrimonio de la Humanidad. Me pareció buena idea - una vez conocido el contenido de lo que se me ofrecía - hacerlo con la publicación de un libro con el que poder contrastar la diferencia de realidad entre un antes y un ahora, a pesar de que lo intangible permanece en él a lo largo de los tiempos. Así que nos pusimos manos a la obra y durante un tiempo estuvimos en contacto, con el fin de prepararlo todo para la edición. Joselo revisó los textos, actualizó las notas, y me pasó el material gráfico que quería incluir en el libro. Después vino el proceso de edición y, por fin, la presentación del libro. Al fin quedaba para el recuerdo contrastado con lo que ahora ofrece el Camino de tres jóvenes que tuvieron un sueño, unos visionarios que ya entonces supieron que gran parte del futuro de Astorga pasaría por la atención al peregrino, unos jóvenes que a la finalización de su viaje incluso mantuvieron contacto con el ayuntamiento de entonces para poner en marcha una iniciativa de albergue público para los peregrinos, adelantándonse (aunque entonces no se le hiciera caso) a lo que luego emprendió la Asociación de amigos del Camino.
La casualidad quiso que llegara en el momento  preciso y hoy Joselo se ha ido con su libro entre las manos y yo le despido con el relato breve que incluí en su presentación y que tal vez, por qué no, podría guardar parte de la huella que el Camino dejó en quién acaba de írsenos, calladamente, sin dar publicidad a su enfermedad que arrastraba desde hace tiempo. Afortunadamente lo hizo habiendo visto uno más de sus viejos sueños cumplido. DEP

EL RAYO DE SOL

Se levantó con los huesos ateridos del frío de los últimos días. Le pesaba el largo camino iniciado y la soledad insistentemente buscada. Sentía la angustia de no conseguir esa paz que llevaba tanto tiempo persiguiendo. 
Durante el Camino, de vez en cuando, hablaba con unos y con otros. Aunque podría decirse que más bien era escuchar lo que hacía. Hasta que comenzó a esperar las horas en las que nadie caminaba, a buscar refugio allá donde nadie lo hacía. Se fue aislando cada día más, cada momento..., buscando siempre la orilla vacía del sendero. 
Y entonces llegó el frío. El frío que cayó como una losa sobre los días de verano que debían calentar sus viejos huesos. Fue un día... y otro... Y así fue durante un largo tramo del camino, una semana en la que el sol no calentaba, en la que el viento soplaba como si fuera invierno, agitando ramas, azotando el rostro, silbando en sus oídos mientras se colaba por los resquicios de su ropa de herido caminante. 

Peregrinos descansando tras la jornada
Hoy el día ha vuelto a amanecer frío, pero parecen retornar los chillidos del vencejo (hoy hará un buen día - habría dicho su abuelo) y un resquicio de sol, encajonado por la estrecha calle que se abre a la plaza, parece invitar a dejar sentir sobre la piel su cálida caricia. 
En las primeras horas matinales, con la plaza aún desierta del bullicio que invadirá en breve la mañana, el silencio apenas roto por el bastón de algún madrugador peregrino, arrastra sus huesos cansado hacia un banco, los pies doloridos del camino, el alma aún torturada de pesares, ..., y deja caer sobre él su ya anciano cuerpo, vuelto el rostro al amanecer. 
Quienes llegan en esos momento a la plaza encuentran un viejo cuerpo arrumbado sobre el banco, la espalda desmayada sobre el respaldo de madera, las piernas extendidas hacia la cruz de los pies, los brazos lánguidos a lo largo del tronco...Y, por fin, la cabeza. El mentón ligeramente alzado buscando el incipiente calor del sol, los ojos cerrados y el rostro relajado. Nada demuestra el frío instalado en sus huesos y en su alma, el desaliento, el deseo de abandono...

Pasan los segundos. Los minutos se prolongan bajo los primeros rayos matutinos. Y, como una lupa orientando su calor hacia un único punto de donde ha de brotar el fuego, el sol penetra por cada poro de su piel con un efecto balsámico. Poco a poco abre  de nuevo los ojos que recorren cada rincón de aquella plaza con el asombro de un niño que descubre el mundo. Sus pupilas se llenan de luz, de vida. Su cuerpo se desentumece hasta el punto de subir a su rostro una radiante sonrisa. 
E, invadido por un nuevo y vivificador impulso,  se levanta ligero como una pluma, recupera su mochila y su bastón de peregrino y emprende de de nuevo, imparable ya, el Camino hacia Santiago. El camino hacia su meta... El Camino hacia su mente 
(Relato incluido el el libro "Días impares")



        

lunes, 31 de agosto de 2015

VERANO DE MOCHILAS Y BICICLETAS. UNA CRÓNICA FOTOGRÁFICA DE LA COTIDIANEIDAD Y LA UNIVERSALIDAD DEL CAMINO DE SANTIAGO A SU PASO POR ASTORGA

Cuando alguien nace a la vera del Camino, y crece viendo pasar de cuando en cuando extraños caminantes llevando una mochila a sus espaldas, destrozados los pies y errante la mirada en muchos casos; cuando te despiertas escuchando al amanecer el acompasado ritmo de un bastón rompiendo el silencio de la mañana, mientras los últimos resquicios de la noche aún se prenden,  perezosos, en las torres que vigilan el paso del caminante; te sorprendes un buen día comprendiendo que lo que verdaderamente te queda de dicho Camino no son los grandes monumentos, ni siquiera los magníficos paisajes que el mismo recorre y que se van sucediendo en su inmensidad. Lo que verdaderamente llega, lo que  toca el corazón y se queda para siempre prendido en la memoria, son los pequeños detalles, a veces humildes gestos, insignificantes indicios que hablan de las personas que lo recorren y que, en él, se encuentran, que crean lazos, que urden historias, algunas de las cuales serán seguramente efímeras pero otras durarán para siempre.
Con Viti y con Chayo en la inauguración de la muestra.
Esa fue la sensación que me embargó cuando un día se presentó en mi despachó Ángel Alonso para presentarme su proyecto de exposición para el verano. Un proyecto que rezumaba la pasión del hombre, del periodista y, sobre todo, la pasión del peregrino. Un proyecto que se fue fraguando en torno a cientos de gestos repetidos día tras día, año tras año, generación tras generación, para hacer Camino. Más allá del sexo, de la edad o de la nacionalidad de quienes lo recorren desde hace tantos siglos. Gestos que le dan ese carácter de universalidad que hoy, en pleno siglo XXI, sigue convirtiéndolo en un hito especial que deja marcas indelebles en cuantas personas lo han recorrido.No pude resistirme a ese embrujo de la universal cotidianeidad que se nos brindaba como oportunidad en una ciudad que late en el Camino, para fijarnos en lo más pequeño, en esos rostros que buscan el descanso en nuestros bancos, en los rincones más insospechados de nuestras calles y espacios.Y por eso, en aquel mismo instante le comprometí mi apoyo en cuanto estuviera en mi mano para hacer realidad dicho proyecto.
Finalmente, dada mi actual situación en la política, el apoyo no pudo ser todo el que yo hubiera deseado. Pero afortunadamente el proyecto siguió adelante y hemos podido disfrutar durante todos estos días de una fantástica muestra en la que el carácter de cotidianeidad y de universalidad al mismo tiempo  que Ángel Alonso ha sabido recoger en esta colección de instantáneas, se nos ha mostrado  en un lugar también emblemático en esta ciudad que se abre al Camino de Santiago.  Que el lugar tenía que ser la capilla de San Esteban, estuvo claro para los dos desde el primer momento. Y hoy, a pesar del cambio de circunstancias políticas, es allí donde se ha expuesto “Verano de mochilas y bicicletas”, una muestra que no nos habla de la monumentalidad de un Camino que se ha convertido en Patrimonio de la Humanidad. Pero sí de los pequeños gestos, de los encuentros, de los momentos de sorpresa, de ese factor humano, que es el único que puede conseguir que su esencia permanezca en el tiempo con todo lo que tiene que aportar y que transmitir.
Porque esa es la verdadera grandeza del Camino. Y eso es precisamente lo que nos muestran las fotografías de Ángel Alonso. Él dice que no pretenden ser imágenes artísticas si no un reportaje de lo que a nivel humano descubres en el Camino. Sin duda lo ha conseguido.  Pero su mirada de reportero gráfico ha jugado también con los encuadres, con el ritmo o la pausa que transmiten las imágenes plasmadas. Con las emociones y las sensaciones de cada uno de los personajes y momentos retratados.
Dice que en muchas de ellas se ve reflejado en el momento de realizar ese Camino. Y también lo sienten así – he podido comprobarlo – muchas de las personas que, habiéndolo realizado, pasan ahora por la muestra.
Las bicicletas forman parte del paisaje del Camino, aunque éstas no pertenecen a la colección de Ángel 

No hay grandes paisajes, es verdad. No encontramos recogidos magníficos monumentos. Pero la auténtica esencia del Camino está en todas y cada una de estas fotografías con las que hemos podido deleitarnos, una y otra vez hasta aprendernos de memoria todos sus detalles. Con un valor añadido, el de poder hablar con el autor de las fotografías y compartir con él esa experiencia peregrina.
La exposición está llegando a su fin, pues se clausura este sábado día 5. Pero aún tenemos tiempo para apurar las últimas horas y deleitarnos, en sus fotografías, con la belleza de lo más pequeño, que es lo que sirve de elemento diferenciador para construir lo más grande.
Sin duda os merecerá la pena. A mí, particulmente, me ha merecido la pena apoyarla en su momento y, sobre todo, disfutarla y ser testigo de como lo han estado haciendo los cientos de visitantes de todo el mundo que por ella han desfilado todos estos días.
Enhorabuena, Ángel, por tu éxito y gracias por haberme permitido ser parte del proyecto.