Mostrando entradas con la etiqueta MIS FOTOGRAFÍAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MIS FOTOGRAFÍAS. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de junio de 2015

POEMA PARA CLAVIJO. En el recordatorio del hermanamiento entre las dos localidades.

Sacando la arqueta de la iglesia parroquial.
El pasado domingo 31 de mayo, acompañé a la alcaldesa de Astorga a un nuevo encuentro con la población de Clavijo, una de las localidades con la que la nuestra está hermanada. Ha sido mi segunda visita en estos cuatro años de gobierno municipal. Y me siento orgullosa de haber participado por segunda vez en la tradición de un pueblo, aunque no todos los ritos que la rodean me gusten de la misma manera. Fueron muchas las gentes de uno y otro lado que participaron en esta visita, en  la que tuve el honor de portar una vez más la arqueta de las tres llaves cuya tradición dice guarda un pedazo del estandarte que participó en la batalla de Clavijo, exactamente para sacarla de la iglesia en la que se custodiaba desde su llegada. 
Después vendría la subida hasta la Basílica de Santiago y la fiesta de hermandad. 


Y en medio de todo ello, un momento para que el inmenso paisaje presidido por los restos de la fortificación de origen musulmán que domina el valle desde la parte más alta de Clavijo, inspirara unos estos versos.


Bajo las rocas que vigilan el pasado, 
detengo mis pasos. 
Me invade la quietud de los silencios 
solo rotos por el trino de los pájaros. 
Allá, más lejos, 
el rumor inquieto de unas risas infantiles. 
Y sobre mi cuerpo
la caricia del viento resbalando por mi espalda.

                                                31 de mayo de 2015

lunes, 3 de enero de 2011

NIEBLA EN LEÓN

León. A las 8'00 a.m del 03/01/2011. Tras la niebla, se oculta la catedral.
Una de las peores sensaciones que llevo de estos inviernos de León es la niebla. Entre mis recuerdos infantiles, el de la niebla tiene escasa presencia. No recuerdo que en los largos días invernales en Astorga, esta apareciese muy a menudo. Al contrario, recuerdo días muy fríos pero soleados, con ese color blanquecino que las bajas temperaturas le confieren al sol, y los chupiteles de hielo colgando de las cornisas de las casas, dejando escapar pequeñas gotas cuando ese sol invernal acariciaba su fría y cristalina superficie. Y la niebla, solo como una excepción en algunos de esos días.
Fue luego, cuando me vine a estudiar a León, cuando este fenómeno se me hizo un poco más patente, pero tampoco demasiado. O al menos no lo suficiente para que me acostumbrase a ella. Pero en los últimos años nos está visitando demasiado repetidamente. Al menos para mi gusto.
Hoy me he levantado y, al mirar por la ventana, no he podido siquiera adivinar la silueta de la catedral tras los tejados. Está ahí, sé que está ahí porque la veo cada día, a cada hora, mostrándome la belleza de las piedras antiguas sobre la anodina visión de tejas, antenas y chimeneas. Pero es como si los maléficos duendes del invierno se la hubiesen llevado para siempre. 
Entonces he recordado una tarde en que conducía volviendo a casa cuando me sentí repentinamente engullida por una espesa e inquietante niebla, dando lugar a un pequeño poema que hoy quiero rescatar y compartir desde este espacio, mientras espero que a lo largo del día se haga la claridad y los duendes del tiempo me devuelvan de nuevo la visión de la catedral que a estas horas aún me niegan. 

NIEBLA.
Tragada por el vientre 
vacío de la niebla, 
me hundo hacia la NADA
mientras la NADA me rodea. 

Ni luz, ni claridad siquiera...

En ella no hay NADA. 
NADA siento. 

Y el vacío me inunda, 
como si verdaderamente en el mundo 
no hubiera... NADA.